Chinos: Adaptación e Integración

A finales del siglo XIX y principios del siglo XX, los chinos y sus familias de la ciudad de Panamá habitaban en barracas, y poco a poco, se fueron ubicando en viviendas módicas y económicas en las áreas de Santa Ana, El Chorrillo, La Boca, el Terraplén, la Avenida B y Salsipuedes.

Los primeros inmigrantes chinos que llegaron al continente se establecieron en comunidades que con el tiempo se convirtieron en “barrios chinos”. Las diferencias raciales y culturales impusieron su segregación y aislamiento. Aunque era una comunidad diferente dentro de otra comunidad no china más grande, sus estructuras económicas, sociales y políticas eran más amplias en comparación con otros grupos étnicos. Esto se debía a que se relacionaba con el resto de otras comunidades en el pueblo o la ciudad donde radicaban, lo que contribuyó a su prosperidad al satisfacer las necesidades de la población en general. Los principios y valores milenarios y los lazos de confianza y la lealtad de los primeros inmigrantes contribuyeron a que se ganaran la admiración y el respeto de las comunidades no chinas.

El área con una extensión de una manzana que comprende al norte, la Avenida B; al sur, la Avenida Eloy Alfaro; al oeste, la prolongación de Calle 15; y el este, la Bajada de Salsipuedes se conoce como el Barrio Chino de Panamá. A su entrada, se encuentra un portal estilo manchú que el gobierno chino obsequió en 1997 a raíz de la visita del entonces Presidente de la República China en Taiwán, Lee Teng-hui. Actualmente, muchos negocios que originalmente se habían establecido en el siglo XIX y principios del siglo XX han desaparecido. En varias otras ciudades, como Colón, Penonomé, Aguadulce, Bocas del Toro, David, Chitré y Santiago también existe malles donde generalmente se concentran las actividades de esta comunidad.

Miles de inmigrantes llegaban al Barrio Chino donde recibían orientación y ayuda para integrarse y adaptarse. Allí encontraban una red establecida conformada por parientes y asociaciones. Ya fuera porque habían sido traídos por un familiar o por un amigo de un pariente, o porque venían por su propia cuenta, los inmigrantes encontraban a alguien que los recibía y los ayudaba con los trámites de entrada al país, y a su vez, les brindaba un lugar dónde quedarse y empleo si no lo tenía.

Para mantener sus tradiciones y costumbres, los primeros inmigrantes se mantuvieron confinados en este sector. Allí seguían usando sus vestimentas y largas coletas, tenían sus viviendas, negocios, templos, fumaderos de opio, salas de juego, y lugares para celebrar sus actividades festivas, comerciales, sociales, religiosas, conmemorativas y políticas.

A finales del siglo XIX y a principios del siglo XX, los chinos vivían en la planta alta o la parte posterior de las casas donde estaban ubicados sus lugares de trabajo o sus negocios. Otros vivían en chozas cerca de los huertos. Sus lugares de trabajo eran las tiendas mayoristas, las abarroterías, las sederías, las fondas, los talleres, las panaderías, las carnicerías, las lavanderías, las barberías, las bodegas, los consultorios médicos, los fumaderos de opio y los salones de baile.

A medida que sus condiciones económicas mejoraban, gracias al trabajo duro, al ahorro y a la decisión de reinvertir sus ganancias, los chinos establecieron sus propios negocios dedicados a la venta al detal y al por mayor. Los mayoristas panameños les otorgaban crédito sin temor alguno ya que pagaban sus deudas con prontitud.

Los hijos de padres chinos que nacieron en Panamá entre 1903 y 1928 gozaron de la nacionalidad panameña. En el Título II sobre Nacionalidad y Ciudadanía de la Constitución de 1904, se estableció que eran panameños los que nacieran en el territorio panameño independientemente de la nacionalidad de los padres.