Celebramos 83 años de historias vivas en la Biblioteca Nacional

El sábado 12 de julio celebramos 83 años de la Biblioteca Nacional Ernesto J. Castillero R. con una jornada de puertas abiertas llena de arte, imaginación, tecnología y música. Un día pensado para recordar que aquí, cada rincón guarda memoria… pero también sueños nuevos.

Desde temprano, nuestra Sala Infantil–Juvenil se llenó de color, paciencia y creatividad gracias al taller de origami dictado por el señor Carlos Barrios. Niños y familias convirtieron simples hojas de papel en figuras llenas de vida. Fue hermoso ver cómo se construye memoria con las manos.

Las palabras también volaron alto. La promotora de lectura Deylin Hernández llevó historias a la voz y al gesto con su lectura dramatizada, dejando risas y miradas cómplices entre grandes y chicos. Después, el narrador oral Carlos Fong nos hizo reír con sus Cuentos árabes para reír, recordándonos que las historias contadas siguen siendo puentes entre generaciones.

Pero este año, además, nos atrevimos a soñar en 360°. Gracias a Panamá Inmersiva, niños y adultos se pusieron gafas de realidad virtual y viajaron a paraísos panameños, exploraron paisajes asombrosos y hasta entraron al mundo de El Principito. Fue emocionante ver sus caras de sorpresa, escuchar preguntas como “¿cuándo vuelven?” y sentir que esta alianza apenas comienza. Porque la tecnología también construye memoria y despierta imaginación.

La música puso el broche de oro. Las voces del Coro Infantil y Prejuvenil de la Red de Orquestas y Coros Juveniles de Panamá y del Coro Prejuvenil Metropolitano Niños Cantores llenaron la Biblioteca de emoción, esperanza y belleza. Con un repertorio diverso –desde canciones en lengua guna y mapuche hasta clásicos como Recuérdame– demostraron que la memoria también se canta. Todo esto gracias al talento y entrega de sus directores Jair Robinson y Carlos Pinzón, el pianista Jonnathan Torres y el percusionista Jubal Calvo.

83 años se dicen fácil, pero detrás hay miles de historias, miradas, voces y manos que hacen de la Biblioteca Nacional un espacio vivo, abierto y de todos. Gracias a quienes aceptaron nuestra invitación, a los artistas, talleristas y aliados que lo hicieron posible… y a quienes cada día nos recuerdan por qué vale la pena celebrar.

La Biblioteca Nacional es mucho más que un edificio: es la casa de la memoria, la imaginación y el encuentro.